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”Nadie puede imaginar lo feliz que me siento con este Gordo”

 

Félix Galindo está hendido de alegría y eso que no le ha tocado ni el reintegro. Pero en su administración de Lotería, en la calle Millán Astray de Madrid, en pleno barrio de Aluche, la noticia de que han vendido una serie del Gordo de Navidad, el 79.250, es lo mejor que les podía pasar.

Una sola persona compró los diez décimos, “Supongo que para repartir”, dice Félix. “Aunque supiera quién es, no lo contaría”, afirma rotundo. Pero el brillo de sus ojos parece contradecirle. Todos los medios de comunicación que entran en la administración le preguntan lo mismo y se toman su tiempo para ver si algo se le escapa. “Creo que no debo decirlo”, insiste.

Entra un vecino de mediana edad y le felicita. “Yo ya vengo borracho. Algo me ha tocado, pero no pienso decírselo a estos, que luego lo publican y se entera Zapatero y la otra y vienen a por ello”, bromea. Y de verdad se niega a dar más detalles. ¿Es el ganador del Gordo?. Nunca lo sabremos.

Volvamos a Félix, que sigue atendiendo llamadas de teléfono y entrevistas de televisión. “Me llamará tonto pero nadie puede imaginar lo feliz que me siento. Si te tocan, pongamos 400.000 euros puedes pagar una letra, pero nada más. Pero para mi, vender el Gordo significa asegurar mi negocio, que es lo que más me preocupa porque también es el de mi hijo”. Lleva con el negocio 28 años y, aunque ya habían dado una seis en La Primitiva y otra en la Bonoloto, es la primera vez que dan un premio tan importante en la Lotería.

Como no hay ganador a la vista, no hay champán pero si se cumple otro de los clásicos de la Lotería: el del banco. Entra las cámaras se abre paso Antonio, director de una sucursal de Banesto que está a pocos metros. “Ya ha venido un señor mayor, viudo, a ingresar un cuarto premio (también vendido en Madrid, aunque en otra zona) y vengo a dejar mi tarjeta por si se pasa por aquí el del Gordo”.

“No me canso de decirlo”, insiste Félix al despedirse. “Las administraciones pequeñas también damos premios. Si haces tres horas de cola para comprar en una de las famosas sólo te compras un décimo o dos, no te vas a llevar de todos los que venden. Puede tocar donde Dios quiera”.

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